Relatos de un parto en casa
Marce
se quedó dormida durante los quince minutos que tardamos en llegar al hospital,
ese momento de sueño sirvió como una
recarga de energía gigantesca, de pronto despertó muy lúcida, decía que
lamentaba mucho lo que estaba pasando, pero que ahora tendríamos que ser más
valientes. Ella estaba dispuesta a seguir dirigiendo su parto, solo habíamos
cambiado de lugar.
Inmediatamente
después de estacionar, salí corriendo por una silla de ruedas, esto alertó al
personal de enfermería de la emergencia; al entrar a la sala con Marce, no
podían creer que había llegado una mujer pariendo de madrugada
— ¡Aquí hace más de dos años que no pare nadie! - Afirmó la enfermera mirándonos atónita.
La
doctora de guardia pidió que acostaran a la paciente en una camilla, procedería
a constatar las dilataciones; cuando la mujer de bata blanca se acercó, Marcela
la tomó por el brazo, leyó el nombre en el gafete y le dijo:
— María,
por favor trátame bien.
Esta
exigencia sensibilizó de inmediato a todo el personal que nos rodeaba; acostumbrados
a un calendario de cesáreas, hoy les tocaba volver a los orígenes, escudriñar en
su oficio, se volcaron a atender a Marce con obsecuencia; la doctora María
pidió preparar la sala de parto, anunció que estaba a punto de llegar el bebé
— Si
te hubieses tardado diez minutos más, de seguro parías en casa.
Ella
no sabía que ese era nuestro propósito.






