Relatos de un parto en casa
Nunca descartamos la posibilidad de que una partera o doula nos acompañara, era necesario que alguien con experiencia nos orientara. Quizá necesitábamos escuchar de alguien más la frase “Ninguna puede parir acostada” o de pronto tener una conversa afable con una persona que no nos tratara como un par de dementes por la idea de parir en casa, alguien que no dijera “¡Coño! Qué hippies”, sino que se mostrara solidario ante la adversión que sentía Marcela por la pelvimetría, los espéculos y cualquier tratamiento invasivo que pudiese violentar su condición de mujer.
Vivíamos
en El Tigre, una pequeña ciudad de Venezuela que creció en la bonanza de la
industria petrolera, allí se concentraron constructores, arquitectos, ingenieros
y empresarios para hacer de la ciudad una gran empresa que respondiera a los
espacios de confort anhelados por los trabajadores petroleros que olvidaron el
barrio y se llenaron de transnacionales dolarizadas. Obviamente, en un
escenario de esta magnitud, era imposible que la medicina no hiciera también un
catálogo de ofertas antinaturales para curar cualquier dolencia. No había doulas en El Tigre, pero si en la geografía digital de las redes
sociales, los vericuetos de la informática le dieron asilo a Marcela en un
grupo de mujeres que apoyaban el parto humanizado. Pasó meses pegada a un chat con
el cual aclaró un centenar de dilemas y logró obtener números de contactos de
doulas que le darían indicaciones desde la distancia si se presentaba algún inconveniente
durante el parto.
A mí
siempre me pareció descabellado llamar a una doula y decirle:
—
Hola soy Marce, la chica del grupo, estoy pariendo ahora mismo, acabo de expulsar
un agua verdosa, fue como si rompiera fuente por segunda vez, pero todo el
líquido es verde, ¿qué debo hacer?
Esas
fueron las palabras de Marcela al teléfono luego de tres horas de parto y la
inundación glauca de la habitación. La voz del otro lado del teléfono preguntó:
— ¿Con
quién estás?
A lo que Marcela responde
—
Con mi compañero, él quiere irse ya al hospital.
Era
lógico que sintiera miedo, ningún libro decía que de pronto tendría una
erupción de aguas verdes coloreando las sábanas. Cuando aquello sucedió salí y
le dije a mi suegra que no se asustara, pero que prepara un bolso con lo
necesario por si de pronto Marce decidía terminar en el hospital, volví
inmediatamente a la habitación, Marcela al teléfono escuchaba con atención a la
doula; hizo una pausa en la llamada y con muchísima calma ordenó que me pusiera
un guante:
— En
la próxima contracción, tendrás que hacerme un tacto.
Respondí
obedeciendo, saqué un par de guantes y vestí mis manos. Ella de pie, apoyó los
puños en el colchón, abrió las piernas, respiro profundo y me dijo:
— ¡Ahora!
Metí
en siamesa posición los dedos índices y medio hasta el fondo de su vagina, una
vez dentro indicó que los abriera hasta donde el espacio me permitiese y luego
los sacara sin cerrarlos para calcular los centímetros de abertura del cuello
uterino; cuando saqué los dedos, Marcela se volteó a ver mi mano con
detenimiento y preguntó:
— ¿Cuánto
tengo?
— No lo sé... Respondí con cara de asombro.
Ella levantó el teléfono nuevamente, allí estaba la doula esperando alguna cifra, Marce le dijo que eran seis centímetros, la doula no recalcó ningún problema:
— No
te preocupes por el agua verde, es normal, estás pariendo, haces un esfuerzo
para que el bebé salga y él hace un esfuerzo en salir, lo más probable es que
haya expulsado el meconio aún estando dentro, pero vas bien. Estaré atenta a
cualquier cosa.
Marcela
se metió a la regadera, lavó sus piernas, salió, me dio un beso y a carcajadas
soltó lo que a su juicio podía calmar a un hombre que acababa de explorar su
estructura pélvica y que aún mantenía la posición de los dedos imitadores del
símbolo de paz como esperando una foto.
—Tranquilo
amor, el carajito se cagó.

1 comentarios
Jajaja, me encantó <3,y ya me imagino la escena, siempre quise parir en casa, pero lamentablemente no pudo ser por complicaciones, incluso soñaba con meterme en una bañera caliente y parir allí. Son super afortunados de poder haber tenido un parto natural <3, es lo mejor, lo más sano!
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