Sal y flores para la placenta / Fuente rota

By Rubén Darío Roca - julio 16, 2020

Relatos de un parto en casa 

  


Marcela había advertido que estaba sintiendo algunas contracciones, decía que eran falsas porque no duraban tanto y no eran tan seguidas; sin embargo, ya eran perceptibles. Yo no perdía detalle de sus movimientos, la seguía con la cámara filmando cada instante, cada vibración o espasmo.

 Al fondo se escuchaba un disco de Coldplay, fue la banda que elegimos para calmar las ansias, la habitación no se parecía en lo absoluto a una sala de parto, no había una cama con ramas de hierro para subir las piernas, el aire acondicionado no tenía la temperatura criminal de los hospitales, nadie pedía pólizas de seguros, no había nada que perturbara el ir y venir de Marce por todo el cuarto.

Justo cuando decidió sentarse en un par de almohadas en el piso, las instrucciones para parir que nos implantamos se revelaron con una exactitud encomiable, el cántaro cumplió su promesa, la fuente rota se hizo presente; miré su rostro, estaba sorprendida, creo que nunca pensó un agua tan abundante, la cascada bajó por sus piernas emulando un pequeño tsunami que arrasó con la pulcritud de las fundas, ahora estábamos más cerca de oír el sonido del llanto, lo mejor de todo es que no fue inducido.


  • Share:

You Might Also Like

4 comentarios

  1. Que maravillosa la experiencia. Dios.

    ResponderEliminar
  2. Sentí cada letra en lo más profundo de mi Alma, que hasta las lágrimas salieron a ver lo que estaba leyendo. Gracias por hacernos parte de ese momento. Abrazos para toda la familia.

    ResponderEliminar